Tomado de El Tiempo
Interaseo implementa un proceso de transformación térmica que convierte plástico reciclado en fibras de alta resistencia.
Las calles de varios de los municipios y pueblos del departamento del Atlántico son el laboratorio de una novedosa experiencia ambiental que ya comienza a tener eco en todo el Caribe colombiano.
Se trata de un proyecto de sostenibilidad que transforma residuos plásticos en herramientas de limpieza urbana como cepillos y escobas.
La iniciativa, liderada por la empresa Interaseo, responsable del aseo y manejo de residuos sólidos en varios municipios, consiste en recolectar botellas de plástico (PET) para convertirlas en cepillos y escobas ecológicas que actualmente son utilizadas por los operarios para el barrido diario de las calles de la ciudad.
Este proceso no solo busca reducir la contaminación en el mar y vertederos, sino que establece un modelo de economía circular donde el residuo se reincorpora a la cadena productiva con un fin social y ambiental.
Interaseo opera el servicio público de aseo en varios municipios del departamento del Atlántico, incluyendo Soledad, Baranoa, Sabanagrande, Santo Tomás, Palmar de Varela, Juan de Acosta, Ponedera, Polonuevo, Tubará, Usiacurí y Piojó.
La transformación del plástico
La fabricación de estas herramientas no es un procedimiento simple de reutilización, sino un ciclo industrial minucioso que garantiza la durabilidad del producto final.
El proceso comienza con la captación de botellas plásticas, las cuales son intervenidas manualmente en su etapa inicial. De acuerdo con los responsables del proyecto, la selección del material es rigurosa para asegurar que la resistencia de las fibras cumpla con las exigencias del trabajo pesado en las vías públicas.
Luis Carvajal, coordinador del proyecto, explicó detalladamente la cadena de producción: «Transformamos botellas de plástico en cepillos ecológicos para barrer calles. El proceso es minucioso: iniciamos cortando la base de las botellas, separando la parte que usaremos. Luego, las tiras de plástico se deshilachan en delgadas fibras que se rebobinan para dar uniformidad».
Una vez obtenidas estas fibras, el material debe someterse a condiciones físicas específicas para garantizar su vida útil. «Posteriormente, las fibras pasan por un proceso térmico a 240 grados Celsius durante 30 minutos, reforzando su resistencia y durabilidad», añadió Carvajal.
Este tratamiento térmico es lo que permite que el plástico reciclado adquiera la rigidez necesaria para competir con los cepillos industriales convencionales.
Triple impacto
Más allá del beneficio técnico de obtener escobas a partir de desechos, el proyecto se fundamenta en tres pilares que buscan la transformación estructural de la región. Al retirar el plástico de la corriente de desechos, se evita que toneladas de polímeros terminen en el cauce del río Magdalena o en el mar Caribe. No obstante, el componente humano es igualmente relevante, pues integra a las comunidades locales en la cadena de valor del reciclaje.
Al respecto, Luis Moisés Gómez, Gerente Regional Atlántico de Interaseo, destacó la profundidad de la iniciativa: «Esta iniciativa de economía circular nacida del corazón de nuestras comunidades no es solo un producto, es un símbolo de cambio que impacta tres pilares esenciales: el ambiental, al reutilizar plástico y así evitar que contamine nuestros mares y vertederos; el social, al integrar a las comunidades en un ciclo de reciclaje con valor; y el económico, al generar un negocio verde que abre nuevas oportunidades».
El proyecto envía un mensaje de gestión eficiente desde el Caribe colombiano, demostrando que la unión de propósitos sostenibles puede convertir un problema crítico de residuos en una solución tangible para el mantenimiento de la infraestructura urbana y el desarrollo económico local.
